06 diciembre 2006
¿Tengo yo cara de manual? Eso es lo que le pregunto el otro día a un alumno en el laboratorio que me pregunta cómo se escribe una instrucción de su programa. Le digo que no sea vago y se lo mire en el manual, que si después de intentarlo no le sale ya le echaré una mano. Tampoco tengo cara de libro. Cuando comienzo un cuatrimestre y presento la bibliografía siempre recomiendo un libro que han hecho unos compis de la asigntura diciendo que la teoría está explicada mucho mejor de lo que yo la explico. Y se me ríen los tíos, pero les digo que no es broma, que yo no estoy para llenar la pizarra de teoría y que copien, sino para ayudarles a que sepan qué hacer con ella. Ya ha pasado la época donde los profes se sentaban y leían un libro mientras los alumnos copiaban, ahora hay infinitas fuentes de información dónde los alumnos pueden encontrar todo el material. Nuestro papel es ayudarles a saber utilizarlas, entenderlas y desenvolverse por sí solos. Ya no somos los monjes que tenían el monopolio del saber encerrado en los conventos. Muchos profes con ideas rancias se quejan de que los alumnos tienen que espabilarse solos como excusa para no hacer mejor material de estudio, pero luego se contradicen al organizar sus clases como si los estudiantes fueran autómatas escuchadores, sin motivarles a pensar. Al final el post de hoy me ha salido de tener cara. Y la verdad, no sé de qué tengo cara yo. Hace poco una alumna comete un horrible error de protocolo en mis clases y me habla de usted. Cuando la recrimino por ello me dice que estaba acostumbrada porque había ido a un colegio de monjas. ¿Tengo cara de monja? le digo. Se me ríe y me dice que no. Menos mal.
04 noviembre 2006
Sin propinas
Comienzo a pasear de arriba a abajo por si alguien me llama, mirando incluso de reojo para no dejar desatendido a nadie. Y en un momento me doy cuenta de que mi jornada ha empezado. Un brazo que me hace una señal para que vaya, un chasquido de dedos, una interjección (eeeeh) o cualquier cosa que me llame la atención. Y así comienza el baile, voy de un lado para otro ocupándome de todo el mundo. A veces parece que la gente se ha confabulado para llamarme con un orden preconcebido para que tenga que dar largos paseos de punta a punta y, a menudo, hay más de una petición a la vez. Como yo les digo, parezco un camarero en una terraza de Sitges en verano. ¡Unas bravas! ¡Unos chocos!
Pero no, no es un bar, es mi laboratorio de informática, aunque ellos, en cierta manera, sí que son mis clientes. Y por eso hay que tratarles bien, aunque a veces sean un poquillo difíciles. Como clientes habituales, me preguntan que tal por Canadá y les digo que me he escapado antes de que me pillara el frío de verdad y que les echaba de menos. Veo un alumno que bosteza y le pregunto si se aburre. "Pues imagínate yo..." le añado. Una alumna intenta enchufar su memoria USB por la parte de atrás del ordenador con tanta dificultad que parece que vaya a desmontarlo. Su compañero me pregunta por qué no les funciona el programa y yo le digo que si yo fuera el ordenador y me manosearan así también dejaría de funcionar. Dejo la frase ambígua a propósito. "Aquí faltan estrellas, ¿verdad?", me dice A., refiriéndose a los asteriscos que faltan en el código del programa y mirando retadora a su compañero, que le lleva la contraria. "Sí", le digo yo, "es por la polución que no deja que se vean" y me las piro a contestar al compañero de al lado para no perder ni un segundo mientras ella se ríe. Vuelvo al momento, claro, y se lo confirmo dejándola con pose victoriosa. "A veces escucharos y hablar con vosotros es como estar en un episodio de Friends" comento, y nos reímos todos. Pero no paran de trabajar.
Como un bar, de un lado para otro y conversando de tanto en tanto con el cliente. Porque el cliente es lo primero. Pero todo tiene un precio, no puedo aguantarme las ocurrencias. Igual si me dieran propina...
PD. A. llega tarde el día siguiente y le digo "te echaba de menos". Me contesta "sí, como a las estrellas". Donde las dan las toman.
Pero no, no es un bar, es mi laboratorio de informática, aunque ellos, en cierta manera, sí que son mis clientes. Y por eso hay que tratarles bien, aunque a veces sean un poquillo difíciles. Como clientes habituales, me preguntan que tal por Canadá y les digo que me he escapado antes de que me pillara el frío de verdad y que les echaba de menos. Veo un alumno que bosteza y le pregunto si se aburre. "Pues imagínate yo..." le añado. Una alumna intenta enchufar su memoria USB por la parte de atrás del ordenador con tanta dificultad que parece que vaya a desmontarlo. Su compañero me pregunta por qué no les funciona el programa y yo le digo que si yo fuera el ordenador y me manosearan así también dejaría de funcionar. Dejo la frase ambígua a propósito. "Aquí faltan estrellas, ¿verdad?", me dice A., refiriéndose a los asteriscos que faltan en el código del programa y mirando retadora a su compañero, que le lleva la contraria. "Sí", le digo yo, "es por la polución que no deja que se vean" y me las piro a contestar al compañero de al lado para no perder ni un segundo mientras ella se ríe. Vuelvo al momento, claro, y se lo confirmo dejándola con pose victoriosa. "A veces escucharos y hablar con vosotros es como estar en un episodio de Friends" comento, y nos reímos todos. Pero no paran de trabajar.
Como un bar, de un lado para otro y conversando de tanto en tanto con el cliente. Porque el cliente es lo primero. Pero todo tiene un precio, no puedo aguantarme las ocurrencias. Igual si me dieran propina...
PD. A. llega tarde el día siguiente y le digo "te echaba de menos". Me contesta "sí, como a las estrellas". Donde las dan las toman.
22 octubre 2006
Imprescindible
Imagina un día cualquiera en el que quieres conocer las últimas noticias. Pones la tele y un señor comienza a hablar narrando una noticia cualquiera. Imagina ahora que tienes un periódico en el que las noticias reproducen exactamente el mismo texto que oyes en la tele. Comienzas a leerlo al mismo tiempo de forma que oyes y lees la misma cosa. Para acabar, imagina que una pequeña lucecita roja se mueve por el periódico resiguiendo el texto o, peor, dando vueltas alrededor de él sin que puedas controlarla y más rápido de lo que tú sigues lo escrito.
Dime que te parece la mejor manera de conocer las noticias y te envío directo a conseguir una plaza en la uni, porque seguro que tienes muchas posibilidades. Y es que mientras las personas normales, en un caso similar, preferirían simplemente escuchar al narrador o leer el texto y, por supuesto, prescindir de la histérica lucecita roja, parece que los miembros de la comunidad académica opinan que este caos cognitivo es la mejor forma de presentar su trabajo al resto de los mortales. Esto es como el euro, moneda común, lo encuentras en casa y en el extranjero. Un señor presenta un resultado científico y va leyendo el texto que ha escrito en unas transparencias mientras va moviendo (que no señalando) un puntero láser alrededor del texto y a más velocidad de la que nadie puede seguir, haciendo que resulte completamente mareante. Si quitas al señor y lees las transparencias o quitas las transparencias y escuchas al señor, resulta exactamente igual, así que uno de los dos sobran (si me conoces, no me preguntes quién...).
A ver si alguien a quien escuchen, por ejemplo alguno de esos catedráticos inútiles con mucho poder, les dice de una vez cómo narices hay que hacer una presentación mínimamente decente, porque por muy buena que sea su investigación y muy brillantes que sean ellos (signo de interrogación aquí), el conocimiento no se transmite por ósmosis. Primero, organiza bien lo que quieres explicar y ten en cuenta a tu audiencia, no se supone que tengas que lucirte sino hacer que te entiendan. Eso es más importante que todo los fuegos de artificio que puedas añadir. Segundo, usa las transparencias como ayuda para el público y, aunque a veces el texto sea muy similar a lo que dices, intenta que sean un complemento a la narración. Y tercero, déjate de tanta chorrada con Powerpoint y de llenar la transparencia de estupideces que no transmiten información, a no ser que te sean útiles para algo, como por ejemplo relajar a tu audiencia de vez en cuando (las estupideces son muy útiles en este caso). Como dice E. Tufte, Powerpoint es maligno. Y por favor, los punteros láser molan mazo, pero hay que usarlos con mucha mesura y sólo si la pantalla está tan lejos que no llegas. Porque, y atención a la primicia, aunque no lo sepas estás dotado de un puntero natural. Se llama brazo con mano y dedos. Y lo mejor es que el 100% de la audiencia está acostumbrada a seguirlo, más que a un puntero láser borracho. Espera, ahora que lo pienso de lo que no sé si estás dotado es de otra cosa que te va a resultar imprescindible. Haz una prueba, golpea suávemente tu cabeza y mira a ver si suena a hueco. No, no te rías. Que estás en la uni y no sería tan raro.
Dime que te parece la mejor manera de conocer las noticias y te envío directo a conseguir una plaza en la uni, porque seguro que tienes muchas posibilidades. Y es que mientras las personas normales, en un caso similar, preferirían simplemente escuchar al narrador o leer el texto y, por supuesto, prescindir de la histérica lucecita roja, parece que los miembros de la comunidad académica opinan que este caos cognitivo es la mejor forma de presentar su trabajo al resto de los mortales. Esto es como el euro, moneda común, lo encuentras en casa y en el extranjero. Un señor presenta un resultado científico y va leyendo el texto que ha escrito en unas transparencias mientras va moviendo (que no señalando) un puntero láser alrededor del texto y a más velocidad de la que nadie puede seguir, haciendo que resulte completamente mareante. Si quitas al señor y lees las transparencias o quitas las transparencias y escuchas al señor, resulta exactamente igual, así que uno de los dos sobran (si me conoces, no me preguntes quién...).
A ver si alguien a quien escuchen, por ejemplo alguno de esos catedráticos inútiles con mucho poder, les dice de una vez cómo narices hay que hacer una presentación mínimamente decente, porque por muy buena que sea su investigación y muy brillantes que sean ellos (signo de interrogación aquí), el conocimiento no se transmite por ósmosis. Primero, organiza bien lo que quieres explicar y ten en cuenta a tu audiencia, no se supone que tengas que lucirte sino hacer que te entiendan. Eso es más importante que todo los fuegos de artificio que puedas añadir. Segundo, usa las transparencias como ayuda para el público y, aunque a veces el texto sea muy similar a lo que dices, intenta que sean un complemento a la narración. Y tercero, déjate de tanta chorrada con Powerpoint y de llenar la transparencia de estupideces que no transmiten información, a no ser que te sean útiles para algo, como por ejemplo relajar a tu audiencia de vez en cuando (las estupideces son muy útiles en este caso). Como dice E. Tufte, Powerpoint es maligno. Y por favor, los punteros láser molan mazo, pero hay que usarlos con mucha mesura y sólo si la pantalla está tan lejos que no llegas. Porque, y atención a la primicia, aunque no lo sepas estás dotado de un puntero natural. Se llama brazo con mano y dedos. Y lo mejor es que el 100% de la audiencia está acostumbrada a seguirlo, más que a un puntero láser borracho. Espera, ahora que lo pienso de lo que no sé si estás dotado es de otra cosa que te va a resultar imprescindible. Haz una prueba, golpea suávemente tu cabeza y mira a ver si suena a hueco. No, no te rías. Que estás en la uni y no sería tan raro.
15 junio 2006
Obituario
garib tenía una enorme ilusión por la docencia y la investigación y, por ello, aguantó muchos años una miserable plaza a tiempo parcial en la uni que no le daba para vivir y tenía que combinar con otros trabajos. En multitud de ocasiones se presentó para obtener un puesto a tiempo completo que le permitiera dedicarse definitivamente a esos menesteres pero siempre fue superado por otros candidatos, mejores en algunos casos, con padrinos en la mayoría. Tuvo que recorrer un camino en el que le negaron dinero de proyectos en los que participaba por no arrodillarse ante personajes egocéntricos, pagarse de su bolsillo los estudios de doctorado, muchos viajes a congresos, trabajarse por su cuenta su propio prestigio investigador, dar clases en los destinos que nadie quería, en las asignaturas que todos dejaban. Pero garib perseveró y finalmente consiguió colarse en la burbuja universitaria. Y una vez allí, disponiendo de tiempo para dedicarse de lleno a su trabajo, asistió a cursos y seminarios de metodología e innovación docente y, gracias a su buen amigo fustigador, consiguió impartir la asignatura que correspondía a su especialidad. garib la tomó motivado y después de un cuatrimestre donde descubrió que ni profes ni alumnos aprovechaban ni disfrutaban una asignatura que podía ser amena y a la vez útil e interesante, decidió, apoyado de nuevo por fustigador, solicitar un proyecto de mejora docente para tener medios y trabajar durante año y medio en un ambicioso cambio. No le dio tiempo porque le retiraron esa docencia, seguramente con una excusa técnicamente aceptable, o al menos alegalmente aceptable, pero con una más que probable mano negra detrás, como es habitual en la uni. Ni siquiera se lo dijeron a la cara, ni le dieron razones, ni oportunidad de discutirlo, se tuvo que enterar de forma indirecta. Tantos años de maniobras sucias, putadas, mafia, egos, notable incompetencia de gestión y desinterés absoluto por la docencia y la uni como servicio público dejaron demasiadas cicatrices que ni siquiera él, el más tenaz, pudo superar. De él nos quedan todas las horas que dedicó a reorganizar la asignatura y a pensar hacia dónde llevarla, las conversaciones con los alumnos para conocer su opinión, las charlas con fustigador. Y un proyecto de mejora docente que, tal vez, le puedan acabar concediendo de manera póstuma y no pueda llevarse a cabo porque su departamento decidió que garib y otros como él debían ser ejecutados. Descanse en paz.
(¿Es ésto el final? ¿Voy a ver una luz a lo lejos que me atrae hacia ella y me promete una sensación de paz y descanso? ¿Estoy muerto? Y si lo estoy, entonces ¿qué me importa dónde me pongan a hacer clases o de qué? ¿o si me envían lejos o me quitan el despacho? A lo mejor es otro principio. Si estoy muerto, ya no pueden hacerme nada, no tengo nada que temer...)
(¿Es ésto el final? ¿Voy a ver una luz a lo lejos que me atrae hacia ella y me promete una sensación de paz y descanso? ¿Estoy muerto? Y si lo estoy, entonces ¿qué me importa dónde me pongan a hacer clases o de qué? ¿o si me envían lejos o me quitan el despacho? A lo mejor es otro principio. Si estoy muerto, ya no pueden hacerme nada, no tengo nada que temer...)
31 mayo 2006
garib Potter
Igual te has preguntado alguna vez cómo un tipo como yo puede haberse colado en la uni sin lamer nalgas ni deberle favores a nadie. Te voy a confesar algo que nadie sabe: soy una especie de Harry Potter, hago magia. A través de diversos tipos de hechizo puedo conseguir cosas que nadie imaginaría que fueran posibles en la burbuja universitaria. Y a menudo no me hace falta más que una palabra mágica para lograrlo. Hoy te voy a revelar un secreto muy bien guardado, una palabra mágica que pone nerviosa a mucha gente en la uni, especialmente cargos y miembros de órganos colegiados varios. No, no, no es abracadabra.
Si la mencionas en un concurso de plazas de profesorado empezarás a ver caras inquietas y sospechosas de que estás al servicio de algún enemigo del tribunal, a pesar de que sólo tengas la intención de saber con que posibilidades cuentas y que sea algo que debería estar claro en cualquier acceso a la función pública.
Los profes se incomodan si les dices la palabra refiriéndote a algo que debe hacerse público a los estudiantes para que sepan lo que se les va a exigir durante un curso. Piensan sin ningún argumento racional que es dar demasiada información y que sería como hacer trampas o algo así.
Cuando un órgano toma una decisión para priorizar solicitudes de mobilidad y dices la palabra, no saben que contestarte y la respuesta puede ser simplemente "ninguno, lo hicimos a ojo".
Creo que ya la debes haber acertado, la palabra es criterios. Da igual cuáles, de priorización, de evaluación o de valoración para unas plazas. Prueba, dísela a alguien en alguno de estos casos, pero ten cuidado porque es de acción rápida. Te daras cuenta de si ha funcionado porque podrás observar síntomas de preocupación, intranquilidad, temor, sudoración, palpitaciones o incluso cólera súbita. Aunque también es verdad que tiene efectos secundarios, como dejar al desnudo alguna decisión caprichosa, enchufismo incompentencia o simplemente prejuicio irracional. Es curiosa la palabra, el hechizo sólo hace efecto sobre la flor y nata intelectual, ya que fuera de la uni es de uso normal e incluso se considera un derecho utilizarla para reclamar transparencia.
Para usar este tipo de magia son necesarios muchos años de entrenamiento limpiando la mente de tópicos, prejuicios, amiguismos y corporativismo, no te será fácil conseguirlo a la primera. Pero, que narices, hoy es un día tan bueno como cualquier otro para empezar a practicar. Venga, dila conmigo: criterios. Si estás en la uni, no te asustes si oyes gritos de terror.
Si la mencionas en un concurso de plazas de profesorado empezarás a ver caras inquietas y sospechosas de que estás al servicio de algún enemigo del tribunal, a pesar de que sólo tengas la intención de saber con que posibilidades cuentas y que sea algo que debería estar claro en cualquier acceso a la función pública.
Los profes se incomodan si les dices la palabra refiriéndote a algo que debe hacerse público a los estudiantes para que sepan lo que se les va a exigir durante un curso. Piensan sin ningún argumento racional que es dar demasiada información y que sería como hacer trampas o algo así.
Cuando un órgano toma una decisión para priorizar solicitudes de mobilidad y dices la palabra, no saben que contestarte y la respuesta puede ser simplemente "ninguno, lo hicimos a ojo".
Creo que ya la debes haber acertado, la palabra es criterios. Da igual cuáles, de priorización, de evaluación o de valoración para unas plazas. Prueba, dísela a alguien en alguno de estos casos, pero ten cuidado porque es de acción rápida. Te daras cuenta de si ha funcionado porque podrás observar síntomas de preocupación, intranquilidad, temor, sudoración, palpitaciones o incluso cólera súbita. Aunque también es verdad que tiene efectos secundarios, como dejar al desnudo alguna decisión caprichosa, enchufismo incompentencia o simplemente prejuicio irracional. Es curiosa la palabra, el hechizo sólo hace efecto sobre la flor y nata intelectual, ya que fuera de la uni es de uso normal e incluso se considera un derecho utilizarla para reclamar transparencia.
Para usar este tipo de magia son necesarios muchos años de entrenamiento limpiando la mente de tópicos, prejuicios, amiguismos y corporativismo, no te será fácil conseguirlo a la primera. Pero, que narices, hoy es un día tan bueno como cualquier otro para empezar a practicar. Venga, dila conmigo: criterios. Si estás en la uni, no te asustes si oyes gritos de terror.
18 mayo 2006
Garibolivia
Me levanto temprano, he quedado con alguien para ayudarle a acabar una presentación que ha de hacer esta mañana. Es uno de esos actos a los que prácticamente no asiste nadie, excepto los que organizamos y algún amigo, con lo que te preguntas si no sería más sencillo ir al bar y cambiarlo por una charla. Yo también hago una presentación. Hablo sobre la asociación en la que estamos, como acercar las tecnologías a entornos desfavorecidos y doy ideas de cómo estudiantes, personal de administración y profesores (sí, ellos también) pueden ayudarnos. No viene mucha gente, es uno de esos momentos donde te tienta dedicarte a tus cosas y no perder el tiempo preparando nada o intentando sensibilizar a gente a la que tal vez no le importa ni le importará nunca. La chica con quien he quedado presenta un proyecto de cooperación para el que hemos solicitado financiación. El objetivo es formar suficientes formadores en informática básica en Bolivia para que durante el año ellos mismos puedan impartir cursos y extender el acceso a las tecnologías para que la gente tenga mejores oportunidades. Después alguien habla de otro proyecto de implantación de tecnología y formación en Burkina Faso. Acabamos con un proyecto para montar un aula informática en Perú destinado a ayudar a un grupo de padres que quieren intentar tener un centro educativo para niños con deficiencias. Miro al público y me anima un poco más ver que hemos conseguido seis o siete estudiantes y un par de profes. A la salida ponemos cuatro bebidas y reparto unos boletos para que la gente los rellene con sus datos y podamos contactar para ver cómo pueden colaborar. Comienzo a hablar con personas que no conozco, son pocos, pero comprometidos y tienes la sensación de estar con gente que se preocupa por algo, una cosa difícil de sentir en la uni. Acabo con cinco o seis boletos rellenos y aparece la estudiante que se ha encargado de prepararlos y está dedicando muchas horas. No ha podido venir porque tenía un examen y cuando le enseño los boletos rellenos se le ilumina la cara. El día tiende a mejorar. Me vuelvo a mi despacho, hay un sobre de correo interno en el buzón. Lo abro, es una carta de aceptación del proyecto de Bolivia. Ya es oficial, Garibolivia está en marcha. Tal vez se merezca incluso un blog entero para explicar la experiencia. La epinefrina ha comenzado a hacer efecto. Te lo dije, hay una uni diferente.
16 mayo 2006
Siete pasos para seducir
Si ya lo intentaste todo y no logras que la gente de tu departamento se fije en ti, te presentamos siete sencillos pasos para conseguirlo.
La moraleja es obvia. Si quieres hacer una petición como la mía y debe pasar por tu departamento, olvidate de que sea atractiva, innovadora, que sirva para establecer lazos con un centro importante o de un tema puntero. Simplemente, sigue mis siete consejos para seducir. Cuando llegue el día de la reunión, nadie habrá pedido ninguna información, pero unos cuantos hablarán de ti maravillas. Pero vigila, no sea que por el camino y sin querer te ligues un castor emasculado. Más que nada porque te vas a quedar insatisfecho.
- Empieza con una broma para romper el hielo. Por ejemplo, "¿has leído ese blog tan divertido de un tal garib y lo que opina de algunos en la uni?, ja, ja".
- No utilices clichés. Por ejemplo, "Oye, ¿verdad que para ser un buen docente has de ser un buen investigador?".
- Aprende a retirarte. No hay nada peor que añadir alguna frase de más. Siguiendo el ejemplo anterior, mejor que no digas "pues no me extraña que seas una pena de profe".
- Sé valiente. Ser sutil es necesario, pero a veces es mejor ser más directo. Por ejemplo, puedes decirle lo que piensas de su docencia del siglo XVI.
- Sé encantador. Algunas frases cortas pueden ser efectivas dichas correctamente. Por ejemplo, "¿conoces la histora de los castores emasculados?".
- Sé comprensivo. Por ejemplo, si te explica que los alumnos no aprenden nada pero que él no tiene porqué cambiar la forma de enseñar, dile que le entiendes, que son todos unos vagos y que es una pena que un cerebro tan brillante tenga que dedicar la friolera de ocho horas a la semana a dar clases.
- Hazle sentir como si fuera la persona más importante del mundo. Esto te resultará muy fácil, no has de hacer nada en la mayoría de los casos, viene de fábrica.
La moraleja es obvia. Si quieres hacer una petición como la mía y debe pasar por tu departamento, olvidate de que sea atractiva, innovadora, que sirva para establecer lazos con un centro importante o de un tema puntero. Simplemente, sigue mis siete consejos para seducir. Cuando llegue el día de la reunión, nadie habrá pedido ninguna información, pero unos cuantos hablarán de ti maravillas. Pero vigila, no sea que por el camino y sin querer te ligues un castor emasculado. Más que nada porque te vas a quedar insatisfecho.

