AK-47
La primera es la visión pragmática. Estudio porque quiero titularme y tener un buen trabajo. El otro día precisamente me dijo una alumna que no tenía porqué estar motivada más allá de eso.
La segunda, es la visión del éxito. Quiero ser uno de los mejores en mi disciplina y progresar profesionalmente. Todo el mundo querría, pero para mí es más importante que otras cosas. Valoro la posición en la empresa y el dinero.
La tercera es la emoción. Quiero trabajar en proyectos interesantes e innovadores, investigación y desarrollo. Estar involucrado en desarrollos punteros.
Si eres pragmático, seguro que ya estás aprovechando lo que aprendes. Pero no descartes intentar disfrutar un poco más de la penitencia de los estudios y exigirle a tus profes que te ayuden a encontrar aunque sólo sea una ligera motivación. Oye, a lo mejor te acaba gustando. Yo siempre le decía a mi amigo Rur que lo que lo que quería era investigar y que no me veía siendo profe y estando obligado a dar clases para hacerlo (cómo véis, he fracasado estrepitosamente).
Si te atrae el éxito, que sepas que en el mundo real no siempre se valoran las capacidades como deberían y que hay ciertas carreras que tienen difícil entrar en los equipos directivos. Igual te sorprende saber que Informática es una de ellas. Aunque a lo mejor si eres informático el éxito que buscas es ser el gurú y es por eso que te atiborras de montones de conocimientos con los que parece que estás a la última. Que sepas que The Matrix es sólo una peli y que los gurús informáticos exitosos en el mundo profesional no son sólo tecnosabios.
Si te gustan las emociones es posible que tengas que emigrar. Porque en estas tierras proyectos interesantes e innovadores hay pocos. Teóricamente tienes la opción académica: doctorado, investigación, ser profe de uni. Lo paradójico es que a veces ese mundo es más estático que el propio mundo real, a pesar de que debería estar lleno de nuevas ideas y avances. Hay una versión moderada del trabajo emocionante que consiste en ser un buen profesional y reciclarse constantemente para estar al día, que es la más plausible de conseguir.
Construyendo una metáfora con la NBA (lo siento, mi adicción), puedes querer ser la megaestrella mediática como Kobe Bryant o el máximo anotador como Allen Iverson, pavoneándote con tus tatuajes e imagen de rebelde. Pero a mí quién me gusta es Andrei Kirilenko. Andrei no es el que más puntos mete, ni el que se lleva más rebotes, ni presume de tatuajes, ni es una estrella mediática. Pero trabaja para el equipo, hace un poco de todo y, lo más importante, lo hace todo bien, sobre todo las pequeñas cosas que a menudo no recogen las estadísticas. Como leí en un blog de baloncesto "good luck finding a lot of guys who do that".
El AK-47 es un famoso rifle de asalto de fabricación soviética. No temas, como dice Asimov, yo pienso que "la violencia es el recurso de los incompetentes". AK-47 es también como se conoce familiarmente a Andrei Kirilenko. Si yo fuera alumno, no intentaría lucirme en conocimientos o, por el otro extremo, ir a remolque, sinó aprender a ser versátil y a adaptarme. Porque así, aunque no me decida ahora, cuando acabe, podré tomar el camino que quiera. Y exigiría a mis profes que no sólo me llenaran la cabeza como si fuera un contenedor, sino que me ayudaran a aprender a aprender.
No quiero ser Bryant ni Iverson, yo quiero ser AK-47. Aunque confieso que no hace demasiado llevé un tatuaje de un dragón enorme. Pero no presumí de él. Y era de hena.




