24 marzo 2005

El voto de castidad y los monjes castrantes

El otro día me tropecé, como me pasa siempre, porque yo de la tele desde que Mulder y Scully ya no están, no sigo nada con regularidad, con el programa "Redes" de Eduard Punset, donde se le hacía una entrevista a Roger Schank. Este personaje, que puede sonarte si has estudiado algo de Inteligencia Artificial, es actualmente uno de los gurús de nuevas tendencias educativas. Schank defiende lo que denomina "learning by doing", o sea, aprender con la práctica, y critica extensamente el método de clases magistrales. Hoy me interesa destacar el siguiente fragmento de la entrevista:

"Eduard Punset:
Increíble. En las escuelas en realidad los profesores explican lo que ellos creen que es importante, y no tiene nada que ver con el aprendizaje.

Roger Schank:
Esto tiene unos orígenes muy interesantes, y es obvio por qué las escuelas son así. En 1500 un monje tenía un libro y lo leía porque tu no podías leer: esto era una buena idea en 1500. Lo que pasa es que no hemos cambiado el sistema desde entonces, y hoy sigue entrando un señor que da una clase, y como nadie recuerda lo que se dijo en clase, hay que hacer un examen. Así se estudia y se coloca todo en la cabeza. Yo les pregunto a mis estudiantes ¿cuántos podrían pasar el examen del año pasado ahora mismo? Ellos me preguntan: ¿podemos estudiar? Y les digo que no. Que se supone que tenían que haberlo aprendido. La respuesta es que no...

Eduard Punset:
Porque lo aprendieron de memoria.

Roger Schank:
No recuerdan los exámenes del año pasado. Yo no podría aprobar los exámenes de mi universidad, no sé si tú podrías."

A ver si me queda claro, resulta que la mayoría de profes todavía da las clases como en el siglo XVI. Y lo que es peor, están convencidos de que es la única manera. Como los profes de uni (con alguna excepción como yo) son todos muy listos, será cierto. Y ahora me siento un poco culpable por haber llamado "profes de aerobic" a este tipo de profes en otro post, ¡con todo el conocimiento que atesoran! Como homenaje, voy a usar algo de lo que me enseñaron para encontrar otro nombre cariñoso. Creo que la lógica matemática estará bien.

Si se enseña igual que en el siglo XVI, podemos aplicar las hipótesis que se daban entonces. Por tanto, tenemos que si alguien da lecciones magistrales, entonces es un monje. Porque sólo los monjes tienen el nivel de conocimientos adecuado para trasmitirlo al populacho. Como los profes de uni dan lecciones magistrales, por la regla anterior, deducimos que son monjes (acabas de recibir un ejemplo práctico de "modus ponens").

Por otro lado, podemos decir que si un profe no inhibe a sus alumnos entonces los hace participar en la clase. Como las clases magistrales no hacen participar a los alumnos, entonces los inhibe (esto es una muestra del "modus tollens" y de la doble negación).

Una forma alternativa de referirse a "inhibir" es "acomplejar", así que, aplicando los mecanismos de deducción anteriores, ya tenemos una denominación alternativa para los profes a los que me vengo refiriendo: monjes que acomplejan. Y tú, alumno, un repaso de lógica que tienes más posibilidades de recordar que si te lo hubiera explicado en una lección magistral.

Como dice Schank, lo que se aprende de memoria se olvida. Por eso yo sé mucho menos de informática que estos monjes sagrados, que fueron los que me enseñaron a mí. Pero como soy verbívoro, lo que sí sé es que apenas hace un año la Real Academia aceptó una palabra cuya definición es "que acompleja". Así que, finalmente, me permitiré cambiar la denominación de nuestros profes objeto de estudio por la de "monjes castrantes".

Vamos a ver monje castrante, si lo único que hace que inhibas a tus alumnos en lugar de motivarles es que quieres conservar el adjetivo, tienes una alternativa. Porque castrante también significa "que castra". Y sólo tienes que mirar en el diccionario para encontrar una acepción de castrar distinta de la de inhibir y poder cambiar tu forma de ver las clases. A mí se me ocurre una, pero es un verbo transitivo y necesitas un complemento directo para aplicarlo. ¿Qué tal si das ejemplo y pruebas contigo mismo? Al fin y al cabo, ser monje implica asumir unos votos. Y hay uno, el de castidad, que me viene como anillo al dedo para cerrar la clase de hoy.

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19 marzo 2005

¿Hacemos un sinpa?

A lo mejor te suena un dicho que ya se dice poco y que hablaba de "pasar más hambre que un maestro de escuela". La frase alude a la situación económica que padecieron los maestros de enseñanza primaria durante el siglo XIX por lo escaso de su retribución y porque, encima, no les era abonada por los Ayuntamientos. Algunos tuvieron que mendigar y otros incluso murieron de hambre.

Lo que tal vez no te suena tanto es que personajes famosos en ciertos ámbitos de la ciencia enseñaron en instituciones universitarias sin cobrar sueldo alguno, sólo lo que abonaban directamente los alumnos por asistir a sus clases.

En 1908 Einstein entró como profesor en la Universidad de Berna y su única compensación venía de lo que le pagaban sus estudiantes, por lo que el hombre tenía que trabajar en otra cosa además de enseñar (no sé si sabes que Einstein trabajó varios años en una oficina de patentes, época en la cual publicó algunos de sus trabajos más relevantes).

Aunque más conocido como inventor del telégrafo eléctrico, Samuel F. B. Morse entró a formar parte de la Universidad de Nueva York en 1832 como profesor de pintura y escultura. Como miembro sin sueldo de la universidad, fue otro de los que recogía las tasas por las clases directamente de los estudiantes.

Pero quizás el más interesante es Joseph Black el cual, aunque se le conoce principalmente por sus contribuciones a la química, vivía de su trabajo como médico, no recibiendo salario alguno por su puesto en la Universidad de Edimburgo. Black cobraba con el sistema que vengo explicando, por el cual cada estudiante pagaba, en este caso, tres guineas directamente al profesor. Lo curioso de este indivíduo es cómo ponía en práctica sus conocimientos. Según cuentan, sobre su mesa había un pequeño instrumento para pesar guineas y comprobar que las monedas de oro con que pagaban la lección no estuvieran faltas de peso.

Adam Smith, muy conocido entre los que saben de Económicas, admiraba este sistema porque decía que los buenos profesores se sentían observados y motivados. Según afirmaba,"todo lo que fuerce a un cierto número de estudiantes a dirigirse hacia un colegio o universidad determinada de forma independiente del mérito o reputación de sus profesores, tiende, en alguna medida, a disminuir la necesidad de ese mérito o esa reputación" ("An Inquiry into the Nature And Causes of the Wealth of Nations", 1776).

Aparte de que te hayas entretenido con estas curiosidades, ya sospecharás que todo esto nos lleva a alguna parte. Y es que lo de tener o no un sueldo garantizado me ha hecho reflexionar si no será un problema el hecho que haya tanto funcionario en la uni, con un puesto que no corre riesgo alguno de perder y con tanta libertad en su trabajo que no tiene ningún incentivo para mejorar la docencia.

Mi idea es la siguiente: vamos a implantar el viejo sistema durante un cuatrimestre. Oye funcionario, si Einstein pudo aguantarlo tú también puedes. Me da a mí que si tu próxima comida depende de lo bien que des tu clase, igual dejas de pensar que los únicos culpables de las deficiencias de la educación universitaria son los alumnos. Pero cuidado, hagamos que el pago se realice al final de la clase, como la cuenta en el restaurante.

Ya me estoy imaginando la cara pálida de un profe de esos de aerobic cuando, mientras habla sin parar y escribe compulsivo en la pizarra, oiga a sus espaldas "¿hacemos un sinpa?".

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15 marzo 2005

No estamos solos

MULDER: Quizás puedes explicarme porque la política del FBI es etiquetar estos casos como "fenómenos sin explicación" e ignorarlos. ¿Crees en la existencia de extraterrestres?
SCULLY: Lógicamente, tendría que decir "no".
- "Expediente X", episodio piloto.

Supongo que en la uni, yo y otros como yo estamos efectivamente etiquetados como "fenómenos sin explicación". Digamos que mi departamento se llama también FBI, Feria de Barraca Informática (en realidad la expresión es "barraca de feria" pero tampoco les vamos a exigir que sepan gramática). Porque recientemente, el jefe de dicho departamento ha parecido seguir la política de ignorar un caso, el mío, que necesitaba su aprobación para participar en una oferta de proyectos de tutoría para estudiantes, que para más coña era de la propia uni. Aún espero que me conteste desde la primavera pasada. Debo estar en la carpeta "X-files" de su email.

Pero yo no me canso de gritar que no estamos solos, que ahí fuera también hay vida a la que le parece importante la docencia universitaria, aunque tengamos que llamarles extraterrestres. Y tengo una primera evidencia. Hoy mis desvaríos se acaban aquí y os dejo con dos fragmentos de Carl Wieman, Premio Nobel de Física, que tonto no debe ser.

"Todavía recuerdo las horribles evaluaciones que obtuve cuando realicé algunos cambios radicales en la enseñanza de un curso introductorio que se ofrecía específicamente a estudiantes con bajo nivel en ciencias. Anteriormente, este curso tenía un recibimiento muy pobre y un bajo impacto en el aprendizaje de los estudiantes. Mis puntuaciones, que son lo único que normalmente todos los decanos (y otros) miran, fueron muy bajas incluso para este curso. Pero los comentarios individuales que leí, de los que había un número inusualmente elevado, fueron muy reveladores. Había muchos comentarios molestos del tipo 'El profesor era horrible y me tendrían que devolver el dinero. He tenido que trabajar muy duro en este curso y he aprendido mucho más que en otros cursos de ciencias, pero el profesor Wieman no nos ha enseñado nada. He tenido que descubrirlo todo por mí mismo'.
Por supuesto esto significaba que había tenido un éxito completo en el objetivo que me había propuesto, pero muchos de los estudiantes estaban absolutamente insatisfechos porque estaban plenamente convencidos de que un curso de ciencias era estrictamente memorización".

"Pregunta: Usted está en la Universidad de Stanford (Estados Unidos). ¿Se dedica sólo a investigar o también enseña?.

Respuesta: Enseño, y más de lo que me exigen. En mi carrera como investigador no puedo ir mucho más allá, y en cambio en la enseñanza queda muchísimo por hacer. En general en la universidad se transmite muy mal a los estudiantes por qué la física es interesante. Si se les enseñara física de cosas interesantes en los primeros años... Yo lo primero que enseño es cómo funciona un microondas. Es mucho más atractivo, lo ven todos los días."

No estamos solos.

***Epílogo***

MULDER: Sorry..., nobody down here but the FBI's most unwanted.
-"Expediente X", episodio piloto.

Pues eso, aquí en Garibalia, en el sótano de la uni, estamos los indeseables del FBI. Pero tenemos la mente abierta y un póster que reza "Quiero creer".

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El verbívoro acongojado y la aceptación de gilipuertas

He descubierto que soy un verbíboro. Empiezo a sospechar que Garibalia es en realidad un estado asociado de Verbalia, el país imaginario fundado por Marius Serra. Ahora entiendo mi pasión por las palabras. Parece que soy un saco de enfermedades, primero la vocación docente y ahora ésto. En fin, acabo de tener un ataque agudo de necesidad de ingenio verbal y me he ido al diccionario de la Real Academia a buscar la palabra "enseñar". Me he aco...ngojado y perdón por la expresión por lo que he encontrado. Paso a enumerar las acepciones que se incluyen y lo que me sugieren:

1. Instruir, doctrinar, amaestrar con reglas o preceptos.
Destila flexibilidad ¿no? Reglas, preceptos, doctrinas. Joder, si parece una fe religiosa. ¿Y lo de amaestrar? ¿Será por eso que en algunas unis se trata a los alumnos como borregos con una masificación impresentable?

2. Dar advertencia, ejemplo o escarmiento que sirva de experiencia y guía para obrar en lo sucesivo.
O apruebas el examen o verás donde acabas. Y el examen será como a tu profe le rote, así que como guía para obrar en lo sucesivo no te molestes en aprender o ser inquieto, sino a ser un "Resolveitor", un profesional de aprobar exámenes.

3. Indicar, dar señas de algo.
Hombre, a veces parece que el alumno importa algo, pero sólo signos, indicaciones, ¿eh? No sea que nos pasemos mucho y se lo crea, sólo para luego descubrir que el olimpo intelectual es el hogar sólo de los dioses, eeeehhh, quiero decir profes.

4. Mostrar o exponer algo, para que sea visto y apreciado.
Pues eso, mira que el profe da bien la clase. Y lo que sabe. Mucho más que tú, alumno. ¿No te has dado cuenta? Pues lee la definición 2 y verás lo que te espera.

5. Dejar aparecer, dejar ver algo involuntariamente.
Ooooohhh, a veces el profe se despista. ¡Qué horror! Se despista y en lugar de mostrarte la doctrina, reglas y preceptos y regalarte con el honor de oírle, incita a la participación, la reflexión, el trabajo en grupo, la curiosidad del alumno. Tranquis, seguro que ha sido involuntariamente.

6. Acostumbrarse, habituarse a algo.
Pues eso, que ya sabes lo que te toca. Y si cuando te titules las empresas dicen que no tienes habilidades como flexibilidad para aprender cosas nuevas, capacidad de expresarte en público, cultura de trabajo en equipo o cualquiera de esas memeces que se estilan en el mundo real en lugar de apreciar que eres un saco enorme relleno con una tonelada de conocimientos de los que en realidad ya no te acuerdas, pues tendrás que acostumbrarte.

Así que las carencias de nuestra educación no son culpa ni de la administración, ni de los altos cargos de la uni, ni de los profes que no creen en la importancia de la docencia y de su mejora. Noooooo. Son culpa de la Real Academia. Los otros sólo hacen lo que la palabra indica. ¿Y no podríamos como apuntó Speedtouch en un comentario añadir una acepción más del estilo de "ayudar a aprender" que tenga como protagonista al alumno? Pues lo llevas claro si esperas que la Academia añada en breve algún significado distinto para la palabra "enseñar". Porque nos hemos pasado años y años viendo gilipuertas y llamándoles por su nombre antes de que los académicos decidieran aceptarlo como palabra, a pesar de su necesidad evidente. Así que, imagina lo que tardará lo tuyo.

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12 marzo 2005

Siempre negatifo o los englindinguingos

Tenía el Barça un entrenador llamado Van Gaal que siempre andaba cabreado por las ruedas de prensa y tenía un ego como un castillo. Hay una frase célebre de una de esas entrevistas en la que el personaje le dice gritando a un periodista "¡Tu eres muy malo. La interpretación siempre negatifa. Nunca positifa!". Van Gaal pronunciaba la "v" como fricativa labiodental (¿qué es eso? ¿curioso? busca en Google), muy habitual en muchos extranjeros, y parecía una "f".

Como voy curtido de experiencias, sé que si en lugar de tener este grupillo fiel y reducido de lectores, leyeran el blog otros profes, levantaría ampollas incluso entre algunos con interés en la docencia, porque soy un poco radical. Seguramente la primera reacción sería decir que soy "siempre negatifo", que no todos los profes son así, que en realidad las cosas que cuento son sucesos aislados, interpretados a mi antojo y que hay muchas cosas que se hacen bien. Voy a ser proactivo (sí, se nota que he estado en una empresa y me he mezclado con gente de marketing :) y respondo directamente la cuestión antes de que se presente, aunque a más de un lector le aburra (suponiendo que tenga más de un lector ;)

Primero he de decir que éste es un blog personal e igual que puedo explicar lo jodido que estoy porque los Utah Jazz no levanten cabeza en la NBA o confesar que la única cosa superficial por la que me vendería ciegamente es la sonrisa de Meg Ryan, tengo pleno derecho a desahogarme, llorar, gritar, patalear, opinar y criticar lo que me dé la gana. Igual que el resto de mortales puede replicar y estar o no de acuerdo. Además, es un blog reivindicativo, así que voy a destacar lo que no me gusta, lo mejorable y lo que flagrantemente falla. Si tan errado voy en una cosa o en todas las que diga, ya intervendrán profes y alumnos diciendo que todo es perfecto y argumentándolo. Pero cuidado, que haya casos muy positivos, muchos o pocos, no quita que los haya nefastos.

Segundo, yo no digo que todos los profes sean horribles. En general pienso que, potencialmente, hay más profes buenos que malos, especialmente entre las nuevas generaciones, pero viven dentro de una cultura universitaria que no le da demasiada importancia a la docencia. En media, seguramente la calidad de la enseñanza en la uni es pasable. Pero ¿acaso no sacamos a la luz cuando un médico es imprudente o un juez es arbitrario aunque sean casos particulares? ¿Por qué lo hacemos? Porque hay profesiones donde unos pocos casos muestran las deficiencias del sistema de selección, control o funcionamiento en general. Y porque hay situaciones donde unos pocos casos pueden influir demasiado en la actividad de un colectivo. Y porque hay profesiones que son servicios públicos y hemos de ser conscientes de que afectan a otras personas, y eso es importante, aunque sean pocas. Y porque los servicios públicos de especial relevancia, como la educación, no pueden ser sólo pasables y deben estar en constante mejora. Y porque los profesionales que cobran del dinero público deben de estar preparados para cualquier crítica, incluso aunque a veces sea injusta. Y es habitual en estos casos ponerse a la defensiva y calificar las críticas como aisladas, interesadas o infundadas, pero sin dar argumentos ni pruebas de lo contrario. Eso se llama corporativismo. Aceptaré críticas razonadas y que me regañen si hiero sentimientos sin querer. Pero si las quejas son corporativistas, tendré que autocensurarme la respuesta porque va a ser muy desagradable.

Puede que Van Gaal tuviera razón en algún caso y los periodistas le buscaran demasiado las cosquillas, pero respondía gritando y con tono egocéntrico. Y es de tontos esperar que los periodistas fueran a bailarle el agua y destacar sólo lo bien que lo hacía. Cuando se tiene una posición de gestión, tanto si eres entrenador como si eres directivo de una empresa, rector, decano, jefe de estudios, director de departamento o simplemente responsable de asignatura, no se puede contestar lloriqueando "pero también hago muchas cosas bien y no las dices". No se trata de subirle el ego al gestor, sino de que éste haga su trabajo y mejore el funcionamiento de la organización. Si se puede criticar con ejemplos y argumentos es porque se puede mejorar y no hay que tomárselo como que no se hace nada bien, sinó analizarlo y estudiar cómo se puede actuar, en lugar de cerrarse y responder gritando con "englindinguingos". A veces, una crítica rebelde es necesaria para compensar una actitud institucionalizada, demasiado arraigada y excesivamente autocomplaciente (que se lo pregunten a los políticos últimamente). He tenido una reunión con algunos alumnos al principio del cuatrimestre y les he preguntado qué pensaban que se podía mejorar para que aprobaran. Y no he considerado que sus críticas fueran negativas, sinó que podían ayudarme, ni me ha molestado que no dijeran que todo era perfecto y yo el profe más molongui del universo.

Como ésto ya se hace largo y pesado, concluyo. El corporativismo barato hace que la gente que potencialmente podría hacer evolucionar una actividad profesional se vuelva conformista y resignada, y subliminalmente acepte que todo lo que hace ya está bien y que no es posible cambiar. Y encima que siempre se haga la víctima sin pensar que el cliente, que es quien recibe los palos al final, no es él. El siguiente paso del corporativismo es la mafia, porque para entrar en la organización debes someterte a sus normas no escritas con antelación. Y como no soy "siempre negatifo", no voy a explicar los ejemplos reales que tengo sobre el tema y voy a acabar con una frase que me gusta: "como no sabían que era imposible, lo consiguieron". En cierta manera yo lo he demostrado y alguno que conozco también. Espero que te sirva, sean cual sean tus ilusiones o planes (¿Speedtouch, BadalonaBitácola, Nessus, Tenshi, Rur?).

PD. Para acabar relajados y riéndonos, puedes descargar las declaraciones originales de Van Gaal. Escúchalas mientras sigues la traducción en texto de lo que dice y descubre el "englindinguingo". Impagable.

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10 marzo 2005

Estrategia del parchís

Hace muchos, muchos millones de años, cuando yo todavía era un estudiante que trabajaba mientras estudiaba la carrera (es lo que tiene ser de familia currante) me volvía loco para combinar los "flexibles" horarios de las asignaturas con mi propia disponibilidad. Me di cuenta rápidamente que no podría asistir a todas y que tenía que escoger alguna para estudiar por mi cuenta. Decidí utilizar un criterio racional (por aquí empecé a morir, uni y racional, totalmente incompatibles) y escogí la asignatura que llamaremos P (no tiene nada que ver con el nombre original) para no asistir porque sabía que todo, absolutamente todo lo que daban estaba en un megatocho que podía estudiar por mi cuenta.

Se ve que los responsables de P, estaban mosca porque sus clases no servían para nada, así que, en lugar de hacerlas útiles o al menos amenas, decidieron insertar en el examen ejemplos particulares dados en clase que no salían en el libro para "pillar" a los inasistentes. Supongo que ellos argumentarían que era para "premiar" a los asistentes, pero igualmente, lo único que estarían premiando era su ego porque ¿qué mérito tiene simplemente asistir a clase si no es que se realiza alguna actividad especial que requiere esfuerzo del alumno? (tomar apuntes no vale).

Así las cosas, sin ningún criterio que tuviera que ver con la docencia ni la formación de los alumnos, me encontré matriculado de una asignatura de la que me tenía que esperar (era proclamado por los propios profes) unas cuantas preguntas sorpresa respecto al libro-biblia. Encima, el examen era tipo test y los fallos restaban. Eso hizo que en lugar de centrarme en aprender la asignatura o apreciar su utilidad, me tuviera que convertir en mejor estratega que Napoleón, para tener cuidado con las preguntas putada que mis amables profes habían incluido.

¿Qúé iba a hacer yo? Pues tragar, que para eso era alumno, una raza inferior. Así que hago mi primer examen como puedo (era una asignatura anual y habían dos) y cuando voy a ver la nota...¡sorpresa! Está borrada. Una aclaración dice: "para saber la nota hay que entregar la ficha al profesor". ¿La ficha? Menudo cabreo agarro. Y entonces sería una raza inferior, pero como decimos por aquí igual de "torracollons" que ahora. Y resulta que por esa curiosidad tonta que tengo de mirar donde no debo, agarro la normativa académica y leo "los estudiantes tienen derecho a ser evaluados de todas las asignaturas en las que están matriculados con efectos académicos". Así que la única posibilidad para que lo del borrado de nota fuera legal era que entregar la ficha formara parte de los criterios de evaluación.

Pues una vez hechas las reflexiones me digo que por mis co... que iba a saber la nota o llegaba hasta el jefe de estudios, el cual, yo no tenía ninguna duda de que me daría la razón, porque no tendría donde agarrarse para negarse. Me dirijo al despacho del profe del grupo que tenía asignado y amablemente le digo que querría saber mi nota. Me dice que ya ha dicho mil veces en clase que sin ficha no hay nota. Le digo que no puedo ir a clase. Y me responde: "si tus colegas te han podido decir cuándo era el examen también te podrían haber dicho que había que traer ficha. Tendrás que buscarte otros colegas". Interiormente ya me hecho una idea básica de la situación: el tío es un gilipollas. Pero no sólo por ser impertinente, sinó por lerdo. Porque tal y como le aclaro, la fecha del examen no me la dijo nadie, están todas anunciadas con antelación, como cualquiera con más de 9 neuronas sabría. El tipo es de esos que va de colegui gracioso en clase y engaña a la mayoría, pero que luego es un chulito playa y no le importan las personas. De hecho está acostumbrado a que le rían todas las "gracias", así que me dice riendo que sin ficha no hay nota. Yo que ya me esperaba eso, lo miro cinco segundos y le digo adiós. Como he explicado, no pensaba quedarme sin nota y mi intención era dirigirme a mi siguiente parada, el responsable de la asignatura.

Mira por donde debió pensar que yo me había acongojado ante su poderío y cuando estoy saliendo me llama y me da una ficha, diciéndome que la llenara y que cuando la trajera me diría la nota. Me quedo un segundo pensando si mandarlo a donde seguramente ya pertenecía por derecho propio o coger la ficha y traérsela. Al fin y al cabo si me hubiera dicho lo mismo con educación al principio, me hubiera tragado el cabreo y la habría cogido. Entonces se me ocurre una maldad: yo sé cómo me ha ido el examen, pero él no, porque no sabe mi nombre. Así que la cojo.

Lleno la ficha y vuelvo. Se la doy modosito, el mira la nota y dice "eeeehhh...6.9". Y aquí es donde me recreo yo, que estaba casi seguro de haber aprobado. Y le digo ¿perdón, cómo has dicho? para que me lo repita mientras me lo miro con una media sonrisa. Me lo repite, pienso yo que dándose cuenta de mi intención. Pero por si es muy memo y no lo pilla, le digo "vaya, 6.9, no está mal contando con que no he ido ni a una clase". Y le sonrío ampliamente y le digo adiós.

La de moralejas que se pueden sacar de esta historia. Pero no hace falta que os las diga, porque son obvias y vosotros no sóis aquél profe. Lo que sí os diré es por qué le he llamado P a la asignatura. La cuestión que yo me pregunté entonces es ¿qué c... tiene que ver mi nota con una ficha? La única explicación es que el profe tenía razón y como no iba a clase, yo iba despistado, y en realidad la asignatura era de... parchís. De ahí que no tener ficha fuera tan relevante para la evaluación. Así que, con tanta estrategia para los exámenes tipo test con putada de regalo y el verdadero nombre de la asignatura, puedo decir que estoy aprobado en estrategia del parchís.

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08 marzo 2005

Aire

Era una mañana como otra cualquiera en la que atravesaba un largo pasillo para cambiar de línea en el metro. Iba yo entretenido como siempre en reducir mi velocidad mental para alcanzar ese nivel adecuado para no destacar en la uni (no porque yo sea gran cosa, es que siempre me ha parecido que todo el mundo va a cámara lenta), cuando algo interrumpió mi desconcentración. Música. Siempre hay música en el metro, pero normalmente es algún tipo con una guitarra que, con todos mis respetos, no me hace reparar mucho en lo que toca. Pero esta vez era distinto, algo conocido. Estaba tan sorprendido, que tardé en darme cuenta de que lo que sonaba era un violoncello, violín...¡Música clásica!

Yo siempre digo que para mí dar una clase, una charla o un seminario es como un concierto. Cada profe tiene su estilo, música ligera, pop, rock, clásica... pero todos tenemos en común que hay una audiencia a la que convencer. Como le digo a Speedtouch, lo más importante es no mirarse a uno mismo y recrearnos en lo bien que explicamos, sinó que hay que detectar las reacciones de la audiencia y mantenerla viva. No hay una receta única y cada estilo puede requerir un recurso u otro. Y lo difícil es que nuestros conciertos no sólo tienen música, sinó que hay una letra que a veces es difícil de hacer digerir por muy atractiva que sea la melodía. A mí no me sale bien muchas veces.

Este cuatrimestre tengo pocos alumnos y he decidido que voy a intentar implicarlos al máximo para que no se me despisten y apruebe la mayor cantidad posible. He decidido también que no tenemos porqué aburrirnos todos. Aunque yo no soy precisamente de los de música ligera, la verdad es que estas primeras semanas he tocado rock duro extremo. He descubierto que los alumnos sóis conservadores y esperáis a Julio Iglesias o la Pantoja cuando he roto un par de guitarras en el concierto y, en lugar de seguirme exaltada, la audiencia se ha quedado con la boca abierta, como si se hubiera equivocado de clase. Lo de la guitarra, claro, es una metáfora. Representa tácticas nuevas en la forma de explicar, de trabajar en clase y ofertas de apoyo y actividades fuera del horario de clase. Me está costando mucho prepararlo todo y llevar la clase con tanta interacción es agotador. Así que la falta de reacción me ha dejado un poco depre, como un músico incomprendido. Pero voy a insistir, porque creo que, sin darse cuenta, empezarán a seguirme y confío en que de aquí a un mes estaran matándose por salir al escenario y romper guitarras conmigo.

Y es que nosotros damos conciertos, pero unos conciertos a los que la audiencia no va por elección propia. Nos parecemos a los músicos del metro en que hemos de convencer a la gente de que vale la pena pararse y escuchar. Si eres un alumno, te voy a pedir una cosa. Es muy difícil hacer treinta conciertos seguidos perfectos. De hecho, motivar a la audiencia es algo que necesita mucha experiencia en el uso de estrategias no clásicas (la claaaaaaaaaaaaaase magistral, aaaarrrrggghhh), cosa escasísima en la uni. Así que fíjate bien en el concierto de tus profes y, aunque no sean perfectos, busca momentos de brillantez y, sobre todo, fíjate que no toquen sólo para sí mismos y si su música evoluciona con la audiencia y busca implicarla. Si encuentras eso, ayúdanos y pérdonanos si desafinamos a veces, porque al menos intentamos ir por el buen camino y nos interesamos por ti.

El título no sólo representa esta idea de que necesitamos aire fresco en la docencia. La pieza que sonaba en el metro era el segundo movimiento de la Suite no. 3 de Bach, conocida popularmente como "Aire". Aunque prefieras otro tipo de música, consíguela entera y pruébala algún día cuando estudies. Para mí que te gustará.

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05 marzo 2005

Proposición indocente

Mi amigo BadalonaBitácola está enfermo (tranquis, no es letal). Es también profe y lo conozco desde hace tiempo cuando trabajábamos juntos. Unos señores muy amables debieron pensar que la enfermedad era muy mala y le ayudaron a cambiar de aires. Aunque no sé si era para ver si mejoraba o para evitar contagios.

Dónde doy clases hacía falta un profe para cubrir unas horillas y se lo propuse ayer. BadalonaBitácola estaba ilusionado porque hace tiempo que no da clases, pero hoy su gozo se ha hundido en un pozo, porque dónde trabaja ahora no ven con buenos ojos que lo haga.

Los señores amables que mencionaba antes eran los responsables de la docencia en el departamento de la uni donde trabajábamos, que nunca se plantearon darle a mi amigo una plaza a tiempo completo e incluso le menospreciaron indirectamente, obligándole a irse a otra parte (lo mismo que me pasó a mí, aunque ahora haya vuelto para revolucionar un poco el gallinero). La enfermedad de BadalonaBitácola es muy, muy rara y se llama algo así como "vocación docente". A la vista de los hechos, todavía no se le ha pasado, sinó que ha ido a peor.

Lamentablemente la enfermedad de mi amigo es incurable. Le he propuesto ayudarme alguna vez en unas sesiones de trabajo en grupo que organizo fuera del horario de clase y ha dicho que sí. Ni es profe de la uni, ni va a cobrar y debería estar rebotado, pero ya véis... Y a lo mejor lo comento otro día, pero Speedtouch también está infectada y, ya pueden enterarse señores amables, no voy a inyectarle una vacuna precisamente.

Hay una película que se titula "Una proposición indecente" dónde un tipo rico ofrece un millón de dólares a un matrimonio por pasar una noche con la mujer. Si la palabra "indecente" significa "falto de decencia", supongo que la palabra "indocente" podría ser la "falta de docencia". Demasiadas asignaturas que se ofertan en los planes de estudio de la uni son una "proposición indocente", porque se diseñan con neuronas inconexas y sin pensar en la docencia y porque sus responsables son gente a los que no les interesan los alumnos sinó sus propios politiqueos, y además pisotean, echan e ignoran a aquéllos a los que sí les preocupa.

BadalonaBitácola, dice Juan José Millás en un artículo titulado "Ánimo" que "conviene sacarse punta cada mañana, pese al espanto de ver cómo se agota uno." La metáfora es que siendo un lápiz, para escribir hay que sacrificarse. Pero con cuidado, que en Garibalia los proyectos docentes surgen de la nada y te vamos a necesitar cuando menos te lo esperes. Sé que no hay muchos lectores, pero si eres alumno, te agradeceré un mensaje de solidaridad con el enfermo, para que pase mejor su convalecencia.

("Conviene sacarse punta cada mañana, pese al espanto de ver cómo se agota uno. Lo complicado de sacarse punta es saber cuánto te tienes que afilar para escribir lo suficientemente claro sin romperte antes de que hayas acabado la novela o la vida. Pero eso constituye un ejercicio de conciencia, y quizá de consciencia, bastante saludable. Ánimo". --J. J. Millás)

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02 marzo 2005

Cocina alternativa (para informáticos)

Por estas tierras, cocinamos un plato llamado fricandó (cuyo nombre proviene del francés) con unos trozos muy finos de ternera y unas setas que llamamos "moixernons", que son especialmente aromáticas. Lo que digo siempre, yo soy un informático de mentira. Yo lo que sé es dar sermones sobre didáctica, juguetear con el lenguaje y los dobles sentidos y... cocinar. Si estoy en la uni es porque con esa mezcla de habilidades no he podido encontrar trabajo en otro sitio (ya he probado en un circo y me mandaron aquí).

Hoy me ha venido a la cabeza la imagen de ese alumno listillo, que intenta lucirse con el profe enseñándole que sabe alguna cosa superavanzada que los otros desconocen y a quién le gusta hacer sentir a los compañeros más "normalitos" algo acomplejados y me he sentido solidario (con los "normalitos"). Y con mi manía de retorcer el lenguaje, se me ha ocurrido una palabra nueva: "frikandó". Deriva de friki, por supuesto, y siguiendo la definición del original lo voy a denominar "guiso de conocimientos hecho de frikismos". Hay variantes del plato para todas las disciplinas académicas, pero el frikandó informático es el más sabroso. Su receta es una lista de conocimientos. Ejemplo típico:
  • Lo se lleva es .NET y los que programan en otra cosa son unos...
  • Soy capaz de generar 100000 líneas de código por hora y tú no.
  • La mejor versión del compilador xxx és la 2.535382-beta7-pre-release ¿cómo es que no la conoces?
Lo importante del frikandó no son los los ingredientes (conocimientos) en sí, que es muy respetable que interesen a quien le parezca, sinó el toque que le da sabor. El tono de este frikandó deja un regusto desagradable por lo que la gente se cree al poseer estos conocimientos. Por eso digo que pasa en todos los ámbitos. Y si a algún alumno le gusta esta receta, puede que no sea culpa suya. Puede que seamos nosotros los profes los que transmitimos sin darnos cuenta esos gustos, presumiendo más de nuestras recetas de cocina de lujo (conocimientos) que explicando cómo hacerlas (¿inquietud, trabajo?) y sin inculcar que están al alcance de todo el que se lo proponga.

Aunque, y perdón por la pedantería, podría dar una receta de frikandó de una complejidad que me haría parecer uno de esos chefs famosos, voy a dar una sobre cosas que parecen irrelevantes y que he ido asimilando sin apenas darme cuenta. Os la recomiendo a los estudiantes de informática que no os sentís tan frikis para seguir la de arriba:
  • La relación entre el orígen de la palabra "algoritmo" y la palabra "álgebra".
  • La relación del escritor Lord Byron con la informática. Y tirando de este hilo, la relación entre los números de Bernoulli y lo que es para muchos el primer programa informático.
  • Quién es Konrad Zuse y qué es el Plankalkül.
  • De dónde proviene el uso de "bug" (bicho, en inglés) para hacer referencia a los errores informáticos (la versión de los 40, aunque cuestionable).
  • Qué error informático de programador novato hizo que el sistema de propulsión del crucero USS Yorktown dejara de funcionar y se quedara un par de horas atascado en medio del óceano en 1998.
  • Qué personaje de gran relevancia en la historia de la informática estuvo implicado en descrifrar el mecanismo de codificación de la máquina Enigma durante la II Guerra Mundial.
  • Qué doctorado en Ciencias Políticas y premio Nóbel de Economía fue un pionero de la Inteligencia Artificial y la Psicología Cognitiva.
De nuevo, lo importante no son los ingredientes, sinó el toque especial, en mi caso que en lugar de para lucirme los uso para relajar una clase explicando alguna curiosidad, pero sin irme mucho del tema. Si eres informático y ya conoces la receta, mejor para ti porque significa que eres inquieto. Si no, no voy a publicar las respuestas, a lo mejor incito la curiosidad de alguien. Cocina alternativa (para informáticos).

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01 marzo 2005

Pubicaciones suicidas

El círculo vicioso del profe universitario: para promocionarme tengo que investigar (doctorado y todo eso), para investigar necesito muchoooo tiempo, no tengo tiempo porque hago docencia, pero no tengo mucho tiempo para la docencia porque investigo.

La investigación se valora principalmente a través de las publicaciones científicas. Así que el investigador debe gastar muchooooo tiempo aprendiendo a asimilar bibliografía, ser curioso y plantearse cuestiones, buscar información, tener capacidad de análisis, resolver finalmente algún problema y comunicar sus resultados a la comunidad científica (publicar). Y claro, eso da para toda una vida, no hay tiempo para inquietudes docentes.

Una teoría lanzada al aire: la orientación de la educación universitaria clásica podría estar equivocada (en realidad no es idea mía). Las carreras se conciben como obsesiones por transmitir la mayor cantidad posible de conocimiento. A veces, el fondo de las asignaturas es un reflejo de los investigadores que las dan, primando la teoría simplemente por el hecho de serlo sobre aspectos relacionados con la práctica profesional. Valorando más cantidad que calidad. No defiendo hacer de la uni un cursillo práctico avanzado, defiendo el equilibrio. Por ejemplo Tenshi, mi broda, no está nada contento con la formación que ha recibido. Y una persona que había tenido cargos importantes en la uni me dijo que el problema es que se tiene la mentalidad de formar clónicos de los profes, futuros investigadores.

Parece que buenos profesionales no formamos, porque los alumnos titulados se quejan y la industria también. Pues tengo una noticia: si lo que queremos es formar futuros investigadores, la hemos cagado. Porque si volvéis a mis párrafos anteriores, lo que necesita un buen investigador no son cantidades infinitas de conocimientos, fáciles de obtener con el tiempo, sino capacidades. Mi teoría concluye planteándome que estas capacidades que he comentado no son sólo necesarias para un investigador, sino también para un buen profesional y que, entonces, ¿por qué no nos preocupamos más en enseñarlas? Así un alumno necesitará menos tiempo para adaptarse a la vía que haya elegido, tanto profesional como académica. Fijáos en la paradoja de la teoría: no dedicarse a la docencia con la excusa de investigar perjudica no sólo el futuro de la industria que acoge a los titulados, sino también el de la investigación, o sea, es un suicidio. ¿Y si somos valientes y cambiamos el círculo vicioso? Dediquemos tiempo a la docencia, potenciemos las capacidades del alumno y tendremos posibles investigadores que podrán publicar más deprisa porque estarán mejor formados para ello. Estos investigadores promocionarán antes y podrán dedicar una parte del tiempo a la docencia y así sucesivamente.

Si has seguido mis posts anteriores, sabrás que no pongo titulos sin una razón, así que aquí falta algo ;) Y es que hay un comentario final. La raíz del problema no es el profesor con un contrato basura que se encuentra en medio de esto y ya le viene todo dado, sino los rectores, decanos, jefes de departamento, catedráticos y responsables de asignaturas. El corolario de mi teoria es que a lo mejor a algunos de ellos que tanto defienden dedicarse a publicar, se les ha caído una "L". Y así, lo que están haciendo es "pubicar", que es una palabra que me he inventado derivada de pubis, ya sabéis, esa parte inferior del vientre cerca de..., en fin... Dejo que cada uno se imagine lo que es pubicar, pero lo que yo tengo en mente no es muy agradable (para los demás), por la situación del pubis.

Pues oye, si eres un funcionario ambicioso que sólo quieres un gran currículum para ser catedrático y te importan un huevo tus alumnos, te acabo de regalar la solución al problema. Cuenta todas las veces en que no les has hecho ni p... caso durante tu carrera y añádelo al currículum para inflarlo. Bajo el título de "pubicaciones", claro.

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