Vomitar
"Siempre estuve preocupado por aprobar y por mis notas. Siempre me daba la sensación de que andaba muy justito para aprobar, estudiara lo que estudiara y dijeran lo que dijeran los que me conocían. Pero nunca me había obligado a mi mismo a expulsar todo lo que estudiaba compulsivamente hasta que llegué a la uni. A veces me empollaba montones de páginas de apuntes para, después del examen, expulsarlo todo de mi cabeza y volver a darme un nuevo atracón de estudio para el siguiente. En aquel momento parecía que era la única forma de sobrellevar las cosas. Afortunadamente, conseguí ayuda cuando un amigo me habló sobre este problema y me dijo que no era sólo culpa mía, que los profes eran los responsables no sólo de llenarme la cabeza como si fuera un recipiente, sino de despertar mi interés y ayudarme a aprender de una forma más ordenada".
Esto podría ser la confesión de un alumno cualquiera tras pasar por el privilegio de ser "enseñado" por alguno de estos dioses académicos que abundan por la uni y desprecian toda posibilidad de prestar un poco más de atención a los métodos didácticos más allá de su monólogo magistral. Cambia aprobar por estar esbelto, estudiar por comer y olvidar lo que estudias por vomitar y tendrás un desorden alimenticio muy conocido: bulimia. ¿Te das cuenta alumno? Eres un bulímico del conocimiento. Tragas, tragas, tragas y tragas en períodos cortos de tiempo y en cantidades ingentes y luego lo vomitas todo para pasar al siguiente menú. Y cuando acaba el cuatrimestre ¿qué has aprendido? Recuerdo que una alumna me contaba que un día se encontró a un amigo en el tren y cuando le quiso contar qué hacía en una asignatura de las que estaba matriculada, se vio incapaz.
Pues eso. Que, sin querer llevar muy lejos la metáfora por lo seria que es la bulimia como desorden alimenticio, algunos (¿demasiados?) profes de uni convierten a sus alumnos en bulímicos del conocimiento. Y hay muchos por ahí que piensan que la culpa es exclusivamente del alumno porque no lleva la asignatura al día y no hace el trabajo que se le propone. Pero este argumento es algo engañoso porque, siendo cierto que si lo hiciera, no necesitaría estudiar tanto en el último momento, también lo es que, para que lo haga, es nuestra responsabilidad sentar las condiciones adecuadas. Y eso no se reduce simplemente a decir que hagan el ejercicio X o Y para el día siguiente y a otra cosa mariposa. Hay que intentar poner en contexto lo que se explica, intentar transmitir el interés de la materia, posiblemente en el campo profesional y realizar una selección cuidadosa de las tareas que se piden para que el alumno vaya asimilando poco a poco pero de forma duradera los conceptos que van surgiendo. En mi experiencia, todo el mundo acaba trabajando más cuando descubre paulatinamente por sí mismo que es capaz de aprender una cierta materia, que cuando se le obliga a tragarla a lo bestia y por narices.
Y el problema es la obsesión por dar muchísima materia, por no poder reducir nada del temario, en lugar de dar algunas cosas de forma más ligera y preocuparse por garantizar que el alumno ha desarrollado suficiente autonomía para profundizar por sí mismo. O sea, la obsesión por hacer que los alumnos se den atracones y coman mucho de todo en lugar de darles una dieta equilibrada y, aún mejor, enseñarles a cocinar. No me extraña que "vomiten" todo lo que estudian. Lo que me extraña, es que, viendo la actitud autocomplaciente de algunos profes que no gastan ni un minuto en mejorar la docencia, no vomiten también lo que comen.
Esto podría ser la confesión de un alumno cualquiera tras pasar por el privilegio de ser "enseñado" por alguno de estos dioses académicos que abundan por la uni y desprecian toda posibilidad de prestar un poco más de atención a los métodos didácticos más allá de su monólogo magistral. Cambia aprobar por estar esbelto, estudiar por comer y olvidar lo que estudias por vomitar y tendrás un desorden alimenticio muy conocido: bulimia. ¿Te das cuenta alumno? Eres un bulímico del conocimiento. Tragas, tragas, tragas y tragas en períodos cortos de tiempo y en cantidades ingentes y luego lo vomitas todo para pasar al siguiente menú. Y cuando acaba el cuatrimestre ¿qué has aprendido? Recuerdo que una alumna me contaba que un día se encontró a un amigo en el tren y cuando le quiso contar qué hacía en una asignatura de las que estaba matriculada, se vio incapaz.
Pues eso. Que, sin querer llevar muy lejos la metáfora por lo seria que es la bulimia como desorden alimenticio, algunos (¿demasiados?) profes de uni convierten a sus alumnos en bulímicos del conocimiento. Y hay muchos por ahí que piensan que la culpa es exclusivamente del alumno porque no lleva la asignatura al día y no hace el trabajo que se le propone. Pero este argumento es algo engañoso porque, siendo cierto que si lo hiciera, no necesitaría estudiar tanto en el último momento, también lo es que, para que lo haga, es nuestra responsabilidad sentar las condiciones adecuadas. Y eso no se reduce simplemente a decir que hagan el ejercicio X o Y para el día siguiente y a otra cosa mariposa. Hay que intentar poner en contexto lo que se explica, intentar transmitir el interés de la materia, posiblemente en el campo profesional y realizar una selección cuidadosa de las tareas que se piden para que el alumno vaya asimilando poco a poco pero de forma duradera los conceptos que van surgiendo. En mi experiencia, todo el mundo acaba trabajando más cuando descubre paulatinamente por sí mismo que es capaz de aprender una cierta materia, que cuando se le obliga a tragarla a lo bestia y por narices.
Y el problema es la obsesión por dar muchísima materia, por no poder reducir nada del temario, en lugar de dar algunas cosas de forma más ligera y preocuparse por garantizar que el alumno ha desarrollado suficiente autonomía para profundizar por sí mismo. O sea, la obsesión por hacer que los alumnos se den atracones y coman mucho de todo en lugar de darles una dieta equilibrada y, aún mejor, enseñarles a cocinar. No me extraña que "vomiten" todo lo que estudian. Lo que me extraña, es que, viendo la actitud autocomplaciente de algunos profes que no gastan ni un minuto en mejorar la docencia, no vomiten también lo que comen.

