04 noviembre 2006

Sin propinas

Comienzo a pasear de arriba a abajo por si alguien me llama, mirando incluso de reojo para no dejar desatendido a nadie. Y en un momento me doy cuenta de que mi jornada ha empezado. Un brazo que me hace una señal para que vaya, un chasquido de dedos, una interjección (eeeeh) o cualquier cosa que me llame la atención. Y así comienza el baile, voy de un lado para otro ocupándome de todo el mundo. A veces parece que la gente se ha confabulado para llamarme con un orden preconcebido para que tenga que dar largos paseos de punta a punta y, a menudo, hay más de una petición a la vez. Como yo les digo, parezco un camarero en una terraza de Sitges en verano. ¡Unas bravas! ¡Unos chocos!

Pero no, no es un bar, es mi laboratorio de informática, aunque ellos, en cierta manera, sí que son mis clientes. Y por eso hay que tratarles bien, aunque a veces sean un poquillo difíciles. Como clientes habituales, me preguntan que tal por Canadá y les digo que me he escapado antes de que me pillara el frío de verdad y que les echaba de menos. Veo un alumno que bosteza y le pregunto si se aburre. "Pues imagínate yo..." le añado. Una alumna intenta enchufar su memoria USB por la parte de atrás del ordenador con tanta dificultad que parece que vaya a desmontarlo. Su compañero me pregunta por qué no les funciona el programa y yo le digo que si yo fuera el ordenador y me manosearan así también dejaría de funcionar. Dejo la frase ambígua a propósito. "Aquí faltan estrellas, ¿verdad?", me dice A., refiriéndose a los asteriscos que faltan en el código del programa y mirando retadora a su compañero, que le lleva la contraria. "Sí", le digo yo, "es por la polución que no deja que se vean" y me las piro a contestar al compañero de al lado para no perder ni un segundo mientras ella se ríe. Vuelvo al momento, claro, y se lo confirmo dejándola con pose victoriosa. "A veces escucharos y hablar con vosotros es como estar en un episodio de Friends" comento, y nos reímos todos. Pero no paran de trabajar.

Como un bar, de un lado para otro y conversando de tanto en tanto con el cliente. Porque el cliente es lo primero. Pero todo tiene un precio, no puedo aguantarme las ocurrencias. Igual si me dieran propina...

PD. A. llega tarde el día siguiente y le digo "te echaba de menos". Me contesta "sí, como a las estrellas". Donde las dan las toman.

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